7 bellezas con sorprendentes adaptaciones que habitan las profundidades del océano

En las grandes profundidades marinas encontramos seres que han conseguido adaptarse a condiciones extremadamente difíciles para la vida. A partir de los 1.000 metros de profundidad existen especies que han evolucionado para sobrevivir en total oscuridad, con presiones por encima de las 100 atmósferas, con poco alimento accesible, bajas concentraciones de oxígeno en el agua y temperaturas cercanas a los 4º C.

Estas 7 especies que habitan esa zona Batial de alrededor de 1.000 metros de profundidad son sorprendentes por las adaptaciones que han sufrido y que les han permitido sobrevivir en semejantes condiciones. Todas ellas guardan un aspecto peculiar que la evolución ha otorgado a para hacer de este ambiente su hogar.

Pez demonio (Borostomias abyssorum)

El Pez Demonio (Borostomias abyssorum) pertenece a la familia Stomiidae, peces de grandes profundidades que cuentan con varias adaptaciones que les permiten vivir sin problema más allá de los 1.000 metros. Estos peces pequeños, de hasta 26 cm de longitud, tienen mandíbulas enormes llenas de afilados dientes y una útil capacidad de abrir su mandíbula un ángulo de más de 100 grados. Esta habilidad es común en la zona batial, como veremos en otros ejemplos. Allí donde el alimento escasea no se puede dejarse escapar ninguna presa, por muy grande que sea.

Pez demonio (Borostomias abyssorum)

Otra gran adaptación que tienen los peces de la familia del pez demonio es su capacidad de producir luz gracias a la bioluminiscencia. Este proceso químico se produce en un órgano conocido como fotóforo que los peces demonio tienen tanto en un apéndice bajo la boca como a los lados de su cuerpo. Esta capacidad la usan para atraer a sus presas que se acercan a la luz creyendo que es alimento que cae de la superficie, siendo devorados por nuestro amigo. Un último dato realmente sorprendente es que los peces demonio, que también se alimentan de otros seres bioluminiscentes, cuentan en su estómago con unas pareces opacas que les permiten que sus presas no llamen la atención de sus depredadores desde dentro de sus entrañas.

Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)

El tiburón anguila es uno de esos tiburones raros, por únicos y poco conocidos. Suelen vivir cerca del fondo, se cree que en profundidades cercanas a los 1.500 metros, pero también se han capturado por arrastreros en profundidades de solo 200 metros.

Este tiburón de hasta 2 metros de longitud es tan perfecto que ha conseguido sobrevivir decenas de millones de años sin casi cambios. Es uno de esos peces que se denomina «fósil viviente» por sus características primitivas y pocas alteraciones.

El tiburón anguila ha sido visto pocas veces con vida, pero en esas pocas ocasiones sí se ha observado su curiosa técnica de caza, doblando su cuerpo para lanzarse a por sus presas como si fuera una anguila o serpiente.

Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)
Tiburón anguila (Chlamydoselachus anguineus)

Las mandíbulas del tiburón anguila son grandes y flexibles para, como todas las especies de grandes profundidades, poder tragarse presas de gran tamaño. Sus pequeños dientes afilados como agujas y dirigidos hacia el interior de la boca evitan la fuga de las presas. Se alimenta principalmente de cefalópodos, peces óseos e incluso de otros tiburones.

Una última curiosidad de este tiburón es que su periodo de gestación puede ser de hasta 3 años y medio, el mayor de todos animales.

Calamar vampiro (Vampyroteuthis infernalis)

El calamar vampiro (Vampyroteuthis infernalis) es otra de estas bellezas traídas de las profundidades del océano que parece llegar de un set de película de terror. A pesar del vídeo y de su imagen amenazante es un cefalópodo bastante pequeño que solo puede crecer hasta los 30 cm en total. ¡Y ni siquiera es un gran depredador!

Se descubrió hace poco más de 100 años y es otro sorprendente ejemplo de adaptación a un entorno tan extremo como es el de entre los 600 y 1.000 metros, donde las saturaciones de oxígeno solo llegan al 3%. Para poder vivir en estas profundidades el calamar vampiro tiene que tener un consumo de oxígeno mínimo. Gracias a su débil musculatura, gran flotabilidad y agilidad, unido a la presencia de hemocianina, la proteína que transporta de manera muy eficiente el oxígeno en su sangre, hace que no necesite tanto oxígeno como otros cefalópodos. De hecho, la mayoría de cefalópodos no pueden vivir con saturaciones de oxígeno por debajo del 15%.

Para poder detectar tanto a su alimento como a los depredadores en estas condiciones de cero luz, el calamar vampiro cuenta con dos enormes ojos que le ayudan a detectar otras presas bioluminiscentes. Ojos tan grandes que en realidad son los más grandes del reino animal en relación al tamaño de su cuerpo. Esos ojazos también le permiten detectar la «nieve marina», pequeños fragmentos de materia orgánica que caen y de la que se alimenta y detecta, tanto por la vista reflejada en su bioluminiscencia como a través de unos pequeños tentáculos que le proporcionan mucha sensibilidad.

La característica más notoria del calamar vampiro y que le ha hecho entrar es esta lista de bellezas es su manto, la piel que conecta sus 8 brazos. Este manto está recubierto con filas de espinas que, la primera vez que lo ves con tanta nitidez como en el vídeo, genera un miedo irracional pero muy intenso. ¿Te imaginas ser el pez que acaba encerrado en ese terrorífico manto del que no hay salida? Nuestro bello cefalópodo lo abre y cierra con gran habilidad para «acoger» a su víctima que ya poco puede hacer para escapar en cuanto entra.

Su cuerpo también está cubierto por órganos fotóforos, como el pez demonio, que usa para atraer a sus presas pero también para desorientar a sus depredadores. ¡Es incluso capaz de modular la intensidad y duración de los destellos de sus fotóforos! Sin duda nuestro favorito por esa capacidad tan extraordinaria de adaptarse a las peores condiciones para la vida.

Quimera de aleta blanca (Chimaera argiloba)

La quimera de aleta blanca (Chimaera argiloba) es una especie de pez de la familia de las quimeras, peces cartilaginosos emparentados con los tiburones y las rayas. Habitan aguas profundas, aunque no tanto como los otros compañeros de este post. Las quimeras se mueven entre los 370 y 520 metros de profundidad y cuentan con una curiosa forma que, para nosotros, les hace especiales.

Las quimeras no disponen de aletas anales, más bien una especie de cola fina o aguijón. Si te fijas en la foto de arriba puedes ver que es realmente peculiar y parece una mezcla de diferentes animales. De hecho su nombre, «quimera» hace referencia al monstruo de la Grecia clásica, un híbrido entre cabra, serpiente o dragón por la cola y león por su cabeza. Sí, su puntiagudo hocico que a veces recuerda, de perfil, al de algunos perros.

Son peces de tamaño más bien pequeño, llegando a los 17,3 cm máximo de longitud que cuentan con una gran abertura branquial. Como los tiburones, tienen sensores electromagnéticos distribuidos por todo el cuerpo con los que detectan sus presas y se comunican con otras quimeras, especialmente durante la época de reproducción.

Pez pelícano (Eurypharynx pelecanoides)

El pez pelícano (Eurypharynx pelecanoides) es otro ejemplo de que en las profundidades marinas no se puede dejar pasar ninguna oportunidad, por grande que esta sea. El pez pelícano tiene una boca gigantesca, mucho más grande que su cuerpo, y una mandíbula inferior tan grande que mide alrededor de una cuarta parte de la longitud total del propio pez. Normalmente tiene la mandíbula plegada pero es un auténtico espectáculo cuando se infla y desinfla, como capturaron a través del Nautilus de The Ocean Exploration Trust:

¿Por qué tiene una boca tan inmensa? Cuando el pez pelícano, sí, por eso se llama pelícano, está en busca de una presa abre la boca y la estructura de la cabeza y la mandíbula se despliega y extiende horizontalmente, inflando la boca e ingiriendo una gran cantidad de agua, absorbiendo así materia orgánica. Ya sea en forma de «nieve marina» o invertebrados e incluso pequeños cefalópodos. Si tiene la suerte de dar con una presa tan grande como él o más entonces expandirá su estómago. Otra adaptación necesaria en zonas de escasísimo alimento. También se cree que una de sus técnicas de caza es adentrarse en bancos de camarones u otros crustáceos abriendo la boca de par en par y absorbiendo una gran cantidad de agua llena de alimento.

Estudiar a fondo este tipo de pez es realmente complicado ya que viven en zonas abisales, de hasta 3.000 metros de profundidad y son tan frágiles que se dañan enormemente cuando ascienden a zonas de menores presiones. Sí sabemos que pueden llegar a medir 1 metro, que no cuenta con vejiga natatoria, que tienen ojos muy pequeños (algo poco habitual en las profundidades en las que habita) y una cola muy larga en forma de látigo que utiliza para desplazarse.

Como muchos seres de zonas más allá de los 1.000 metros, cuenta con órganos bioluminiscentes que usa para comunicarse gracias a un órgano complejo ubicado en el extremo de la cola con numerosos tentáculos que emite destellos ocasionales. Es my posible que lo use como señuelo para atraer presas.

Engullidor negro (Chiasmodon niger)

Engullidor negro (Chiasmodon niger)
No le llaman engullidor por nada

Este es otro caso extremo de adaptación a la escasez de alimento. El nombre de Engullidor negro, (Chiasmodon niger) no deja a lugar a dudas. Este pez habita entre los 700 y 3.000 metros de profundidad y no duda en engullir peces óseos del tamaño que sea. A cualquier coste.

Su adaptación es tan extraordinaria que tiene un estómago enorme en comparación con su cuerpo que le permite engullir presas que le triplican en tamaño. Sí, como si tú te comieses la ternera entera de un bocado… o que un perro te tragase entero.

Las presas que engulle pueden llegar a ser tan grandes que la mayoría de especímenes que se han estudiado es porque han llegado a nosotros muertos por glotones: habían reventado su estómago por el tamaño de la presa (como el de la foto) o por que los gases generados de la digestión eran tales que habían enviado al pez a la superficie donde, por falta de presión, muere.

Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)

Tiburón duende (Mitsukurina owstoni)

El tiburón duende (Mitsukurina owstoni) es otra de esas bellezas aterradoras de las profundidades que no solo parecen salidas de una película de ciencia ficción. En este caso inspiró un clásico de terror: Alien. Como puedes ver en el vídeo a continuación, este tiburón ha desarrollado una capacidad que le hace imparable en las profundidades sin luz donde vive. No solo tiene muy desarrollada su nariz llena de sensores capaces de detectar campos electromagnéticos, también son capaces de proyectar su boca llena de dientes para no desaprovechar las pocas oportunidades de alimento que da su entorno.

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